viernes, 17 de agosto de 2018





INTERPRETACIONES HISTÓRICAS




Considerando  la información que se te presenta y la lectura de textos contesta las preguntas planteadas.





Justo Sierra
Evolución política del pueblo mexicano.
ArribaAbajoCapítulo VIII
La independencia (II)



El nuevo Virrey y la nueva política. Un episodio heroico: Mina. La pacificación. Guerrero en el Sur. La independencia.
     El ejército que Calleja dejó a su sucesor constaba de cuarenta mil hombres bien organizados y de otros tantos distribuídos en cuerpos locales; podía decirse que unos ochenta mil hombres se ocupaban en la tarea laboriosa de la represión, que adelantó sin cesar. La Hacienda no carecía de recursos, gracias a los nuevos impuestos y a pesar de las dilapidaciones de Calleja y sus favoritos; pero dos circunstancias fueron, sobre todo, de funesta transcendencia para los insurgentes, devorados por las disensiones e incapaces de reconocer un centro de gobierno y acción: primero, las instrucciones de observar una política de perdón y olvido, hasta donde fuese posible, dadas al nuevo virrey Apodaca, que hacía contraste con su antecesor Calleja por su bondadosa índole; y segundo, la facilidad de enviar fuerzas de la Península, en donde estaba casi desocupado el ejército que había hecho la guerra y que no había sido licenciado. La gravedad de esta última circunstancia se atenuaba, para los mexicanos, por la necesidad que tenía España de diseminar su atención y sus recursos en toda la América, española-que, idénticamente a nosotros, ardía en levantamientos y combates desde el istmo de Panamá hasta el Sur de Buenos Aires y Chile.
     Obrando sin unidad ni concierto, y a pesar de la superioridad que la disciplina, el armamento y los recursos daban a los realistas, verdaderamente sorprende y admira lo que los insurgentes lograban hacer. Habían construido, en lugares casi inaccesibles, fuertes en donde depositaban cuanto podían allegar en materia de armas y municiones; los más célebres de estos cerros fortificados, algunas veces con maravilloso instinto militar, fueron Cóporo, en Michoacán, el Sombrero y los Remedios en las sierras que dominan el Bajío y Jaujilla, en medio de la laguna pantanosa de Zacapu (Michoacán), que servía de refugio a los últimos vestigios del Congreso de Apatzingán, constituídos en Junta gubernativa que difícilmente podía extender su radio de acción hasta el Bajío. Terán y Victoria en las sierras orientales, entre Puebla y Veracruz; Guerrero, Ascensio, Bravo, los Rayón en el macizo orográfico que une las dos cordilleras, y Torres, Moreno y otros en los límites de la Nueva Galicia y el Bajío; en las llanadas orientales de la Mesa central, Osorno, los Villagrán y otros recorrían infatigablemente el país. En el lago de Chapala un puñado de héroes, adueñado de los islotes; principales, desafió años enteros todos los esfuerzos del gobierno español.
     Los insurgentes vivían sobre el país y esquilmaban las haciendas, destruidas casi siempre cuando eran de españoles; además de las contribuciones y rescates que exigían de los pueblos, frecuentemente incendiados por cabecillas feroces, como Osorno en los llanos de Apam o el segundo padre Torres en el Bajío, se proporcionaban recursos con los peajes que les pagaban las mercancías en su tránsito, con lo que solían producirles los asaltos a los convoyes, etc. Todos acudían a estos medios, pero eran necesariamente precarios e imposibles de concentrar, dada la organización de los patriotas. A esto hay que añadir, para poderse hacer cargo del agotamiento del país, cinco años después de haber estallado la revolución, agotamiento que fue el origen principal de la pacificación lograda por el nuevo virrey Apodaca, la conducta de la mayor parte (hubo muy honrosas excepciones) de los jefes realistas. No nos referimos a sus crueldades: lo cierto es que compitieron unos y otros en ferocidad en la guerra, y Morelos nada tiene que envidiar a Calleja, ni la inhumanidad de Iturbide es superior a la de Hidalgo, por desgracia; por eso brilla tan alto y tan puro el acto de clemencia de Bravo perdonando a los prisioneros españoles y dándoles libertad al saber el fusilamiento de su anciano padre; es una estrella divina en aquel infierno moral. Nos referimos a los abusos de los jefes realistas para enriquecerse; los brigadieres Cruz y Arredondo habían constituido en su provecho, en Nueva Galicia el primero, y en las provincias internas de Oriente el segundo, unas verdaderas satrapías, en las que nada podía de hecho el virrey y en las que el comercio estaba absolutamente a merced de los gobernadores. En el Sur, Armijo, en el Bajío, Iturbide, y otras cien en todas partes, estaban empeñados en mantener viva una guerra que les producía pingües rentas y que extraía a torrentes la sangre y el oro de la exhausta Nueva España.
     Apodaca tuvo la fortuna de modificar algo este estado de cosas, procurando a todo trance llegar al fin de la lucha y mezclando la fuerza y el perdón, los regimientos que llegaban de España y los indultos, aun a los más sanguinarios cabecillas insurrectos. Antes de la expedición de Mina, en 1817, la laguna de Chapala, después de cinco años de resistir y combatir sin tregua, fue pacificada por Cruz, gracias a una capitulación honrosa del grupo de indígenas que se había adueñado de la isla de Mexcala; fue ésta la primera capitulación oficial en aquella terrible lucha. Lo mismo sucedió con Cóporo, en cuyas faldas habían sido tan frecuentemente rechazados los realistas, que capituló también; y Mier y Terán, el más ilustrado de los jefes militares de la insurrección, también se vio obligado a rendirse junto a Tehuacán. Gran número de cabecillas insurgentes, como Osorno, se acogieron a los indultos. Victoria, Bravo, Guerrero, Rayón, la Junta de Jaujilla, los fuertes de los Remedios y el Sombrero, resistían; mas todo era ya cuestión de tiempo: la insurrección parecía tocar a su término.
     Apareció entonces en las costas del Golfo un caudillo español que venía a renovar la lucha. Mina no tenía treinta años; escapado del colegio al estallar el levantamiento nacional contra Napoleón en España, había sublevado Navarra y el alto Aragón; capturado por los franceses, completó su educación al lado de un incansable conspirador contra Napoleón, el general Lahorie, en los calabozos de Vincennes. Regresó a España a la caída del Emperador, lleno de anhelos de libertad el corazón y de ideas de regeneración social y política el espíritu; la actitud de Fernando VII en el trono que su cobarde abyección debió haberle hecho perder para siempre, lo sorprendió, lo indignó, y protestó contra ella con las armas en la mano. Fue vencido, huyó a Inglaterra; allí, el padre Mier, un dominico que por sus ideas había sido víctima de las persecuciones de la Iglesia y del Estado, lo convenció de que, sirviendo la causa de la Independencia en México, combatía contra Fernando y por sus ideales de libertad, y que era en la libertad y no en la guerra en donde España y sus libres colonias podían tornar a unirse en lo porvenir. Mina, que por su importancia en las logias masónicas podía ponerse en contacto con hombres dispuestos a sacrificar sus vidas en aras de sus propósitos de emancipación humana, pasó, con un puñado cosmopolita de aventureros ávidos y entusiastas, de Inglaterra a los Estados Unidos, a Haití, al puerto de Galveston, en donde organizó definitivamente su expedición, y abordando en Soto la Marina las costas mexicanas, dio principio al período heroico de su temeraria empresa en abril de 1817.


1.      ¿A qué acontecimiento histórico hace referencia el texto?

2.      El texto es ¿una narración o interpretación?, explica el ¿ por qué?
.
3.      Considerando el cuadro comparativo y la lectura ¿a qué corriente historiográfica pertenece el texto? Explica o muestra ejemplos.



Actividad  (tarea).

v    Observa con atención la siguiente  imagen  y responde a las siguientes preguntas.












Cuestionario:
1.          ¿Qué ves en esta imagen?
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2.             ¿Qué escenario reconstruye?
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3.             ¿Qué características económicas presenta?
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4.             ¿Existe rasgos de esta imagen que se relacionen con tu vida actual? si/no ¿Cuáles?
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Leamos con atención el siguiente texto:
Europa abandonó, ya antes del siglo XV, las formas más arcaicas del intercambio. Los precios que conocemos o cuya existencia sospechamos son, desde el siglo XII, precios que fluctúan, lo cual prueba que ya existen mercados modernos, y que pueden ocasionalmente, ligados los unos a los otros esbozar sistemas, lazos entre ciudades. Prácticamente, en efecto, solamente los burgos y las ciudades tienen mercados.
En su forma elemental, los mercados existen todavía hoy. Al menos no se han perdido del todo, y en días fijos, ante nuestros ojos, se reorganizan en los emplazamientos habituales de nuestras ciudades, con sus desórdenes, sus aglomeraciones, sus gritos, sus fuertes olores y el frescor de sus mercancías. Ayer eran poco más o menos los mismos: algunos tenderetes, un toldo para la  lluvia, un lugar numerado para cada vendedor  con anterioridad, debidamente registrado y que había que pagar a tenor de la voluntad de las autoridades o de los propietarios; una multitud de clientes y una multitud de trabajadores modestos, proletariado difuso y activo: desgranadores de guisantes que poseen la reputación de inveterados chismosos, desolladores de ranas( las cuales llegaban a Ginebra y a París en cargamentos enteros de mulas), costaleros, barrenderos, carreteros, vendedores o vendedoras semiclandestinos, inspectores altaneros que trasmiten de padres a hijos sus miserables oficios, mercaderes revendedores y fáciles de reconocer por su manera de vestir, campesinos y campesinas, burgueses haciendo la compra, criados que tienen la habilidad (repiten los ricos) de hacer bailar las asas del cesto (entonces se decía herrar la mula), panaderos vendiendo al por mayor, carniceros cuyos múltiples puestos obstruyen las calles y plazas, mayoristas (vendedores de pescado, de queso y mantequilla al por mayor), recaudadores de impuestos…En fin, expuestos por doquier, mercancías, pellas[1] de mantequilla, montones de legumbres, pilas de quesos, frutas, pescado goteando agua, piezas de caza, carnes que el carnicero despieza allí mismo, libros invendidos, cuyas hojas impresas sirven para envolver mercancías. De los campos llegan en abundancia la paja, la madera, el heno, la lana, lo mismo que el cáñamo. El lino y aún las telas para los vestidos de los aldeanos.
Los mercados urbanos tienen lugar por lo regular dos o tres veces a la semana. Para abastecerlos, es necesario que el campo tenga tiempo para producir y reunir los artículos y que puedan distraer una parte de su mano de obra para la venta (confiada preferentemente a las mujeres).
Las autoridades toman firmemente en consideración y organización y supervisión…vigilan estrechamente los precios…pero no impiden que el mercado se expanda, crezca al compás de la demanda, se sitúe en el corazón de la vida urbana…el mercado es un centro natural de la vida social, un lugar de encuentro donde las gentes se entienden, donde se injuria, donde se pasa de las amenazas a los golpes; es allí donde se originan incidentes… es allí donde circulan noticias políticas y las otras.
El mercado es un espacio de interrelaciones sociales donde… las vendedoras tienen la fama de ser las lenguas más groseras ¡Eh! ¡Tía descarada! ¡Habla ya!! ¡Ramera de estudiantes! ¡Carcamal! ¡Más que miserable! ¡Estás borracha como una cuba!...
De  tal manera que el espacio geográfico, no es entendido sólo como un escenario o espacio físico, sino como un espacio construido, un espacio vivido, un lugar donde se desarrolla la acción humana, un lugar de complejas relaciones sociales, un producto sociocultural, una construcción social.[2]
v  A partir de la lectura del texto y análisis de la imagen

¿A qué tipo de corriente historiográfica pertenece el texto? Explica por qué? 


¿Qué caracteriza el espacio histórico?




























[1] Pellas. s.f. Masa unida y apretada, generalmente en forma redonda.
[2] Braudel, Fernand. (1984). Civilización material, economía y capitalismo siglo XV-XVIII. Tomo II, versión española de Vicente Bordoy Hueso, Madrid: Alianza, páginas 6-18.

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