INTERPRETACIONES HISTÓRICAS
Considerando la información que se te presenta y la lectura de textos contesta las preguntas planteadas.
Justo Sierra
Evolución
política del pueblo mexicano.
La independencia (II)
El nuevo Virrey y la nueva política. Un episodio
heroico: Mina. La pacificación. Guerrero en el Sur. La independencia.
El
ejército que Calleja dejó a su sucesor constaba de cuarenta mil hombres bien
organizados y de otros tantos distribuídos en cuerpos locales; podía decirse
que unos ochenta mil hombres se ocupaban en la tarea laboriosa de la represión,
que adelantó sin cesar. La Hacienda no carecía de recursos, gracias a los
nuevos impuestos y a pesar de las dilapidaciones de Calleja y sus favoritos;
pero dos circunstancias fueron, sobre todo, de funesta transcendencia para los
insurgentes, devorados por las disensiones e incapaces de reconocer un centro
de gobierno y acción: primero, las instrucciones de observar una política de
perdón y olvido, hasta donde fuese posible, dadas al nuevo virrey Apodaca, que
hacía contraste con su antecesor Calleja por su bondadosa índole; y segundo, la
facilidad de enviar fuerzas de la Península, en donde estaba casi desocupado el
ejército que había hecho la guerra y que no había sido licenciado. La gravedad
de esta última circunstancia se atenuaba, para los mexicanos, por la necesidad que
tenía España de diseminar su atención y sus recursos en toda la América,
española-que, idénticamente a nosotros, ardía en levantamientos y combates
desde el istmo de Panamá hasta el Sur de Buenos Aires y Chile.
Obrando
sin unidad ni concierto, y a pesar de la superioridad que la disciplina, el
armamento y los recursos daban a los realistas, verdaderamente sorprende y
admira lo que los insurgentes lograban hacer. Habían construido, en lugares
casi inaccesibles, fuertes en donde depositaban cuanto podían allegar en
materia de armas y municiones; los más célebres de estos cerros fortificados,
algunas veces con maravilloso instinto militar, fueron Cóporo, en Michoacán, el
Sombrero y los Remedios en las sierras que dominan el Bajío y Jaujilla, en
medio de la laguna pantanosa de Zacapu (Michoacán), que servía de refugio a los
últimos vestigios del Congreso de Apatzingán, constituídos en Junta gubernativa
que difícilmente podía extender su radio de acción hasta el Bajío. Terán y
Victoria en las sierras orientales, entre Puebla y Veracruz; Guerrero,
Ascensio, Bravo, los Rayón en el macizo orográfico que une las dos cordilleras,
y Torres, Moreno y otros en los límites de la Nueva Galicia y el Bajío; en las
llanadas orientales de la Mesa central, Osorno, los Villagrán y otros recorrían
infatigablemente el país. En el lago de Chapala un puñado de héroes, adueñado
de los islotes; principales, desafió años enteros todos los esfuerzos del
gobierno español.
Los
insurgentes vivían sobre el país y esquilmaban las haciendas, destruidas casi
siempre cuando eran de españoles; además de las contribuciones y rescates que
exigían de los pueblos, frecuentemente incendiados por cabecillas feroces, como
Osorno en los llanos de Apam o el segundo padre Torres en el Bajío, se proporcionaban
recursos con los peajes que les pagaban las mercancías en su tránsito, con lo
que solían producirles los asaltos a los convoyes, etc. Todos acudían a estos
medios, pero eran necesariamente precarios e imposibles de concentrar, dada la
organización de los patriotas. A esto hay que añadir, para poderse hacer cargo
del agotamiento del país, cinco años después de haber estallado la revolución,
agotamiento que fue el origen principal de la pacificación lograda por el nuevo
virrey Apodaca, la conducta de la mayor parte (hubo muy honrosas excepciones)
de los jefes realistas. No nos referimos a sus crueldades: lo cierto es que
compitieron unos y otros en ferocidad en la guerra, y Morelos nada tiene que
envidiar a Calleja, ni la inhumanidad de Iturbide es superior a la de Hidalgo,
por desgracia; por eso brilla tan alto y tan puro el acto de clemencia de Bravo
perdonando a los prisioneros españoles y dándoles libertad al saber el
fusilamiento de su anciano padre; es una estrella divina en aquel infierno moral.
Nos referimos a los abusos de los jefes realistas para enriquecerse; los
brigadieres Cruz y Arredondo habían constituido en su provecho, en Nueva
Galicia el primero, y en las provincias internas de Oriente el segundo, unas
verdaderas satrapías, en las que nada podía de hecho el virrey y en las que el
comercio estaba absolutamente a merced de los gobernadores. En el Sur, Armijo,
en el Bajío, Iturbide, y otras cien en todas partes, estaban empeñados en
mantener viva una guerra que les producía pingües rentas y que extraía a
torrentes la sangre y el oro de la exhausta Nueva España.
Apodaca
tuvo la fortuna de modificar algo este estado de cosas, procurando a todo
trance llegar al fin de la lucha y mezclando la fuerza y el perdón, los
regimientos que llegaban de España y los indultos, aun a los más sanguinarios
cabecillas insurrectos. Antes de la expedición de Mina, en 1817, la laguna de
Chapala, después de cinco años de resistir y combatir sin tregua, fue
pacificada por Cruz, gracias a una capitulación honrosa del grupo de indígenas
que se había adueñado de la isla de Mexcala; fue ésta la primera capitulación
oficial en aquella terrible lucha. Lo mismo sucedió con Cóporo, en cuyas faldas
habían sido tan frecuentemente rechazados los realistas, que capituló también;
y Mier y Terán, el más ilustrado de los jefes militares de la insurrección,
también se vio obligado a rendirse junto a Tehuacán. Gran número de cabecillas
insurgentes, como Osorno, se acogieron a los indultos. Victoria, Bravo,
Guerrero, Rayón, la Junta de Jaujilla, los fuertes de los Remedios y el
Sombrero, resistían; mas todo era ya cuestión de tiempo: la insurrección
parecía tocar a su término.
Apareció
entonces en las costas del Golfo un caudillo español que venía a renovar la
lucha. Mina no tenía treinta años; escapado del colegio al estallar el
levantamiento nacional contra Napoleón en España, había sublevado Navarra y el
alto Aragón; capturado por los franceses, completó su educación al lado de un
incansable conspirador contra Napoleón, el general Lahorie, en los calabozos de
Vincennes. Regresó a España a la caída del Emperador, lleno de anhelos de
libertad el corazón y de ideas de regeneración social y política el espíritu;
la actitud de Fernando VII en el trono que su cobarde abyección debió haberle
hecho perder para siempre, lo sorprendió, lo indignó, y protestó contra ella
con las armas en la mano. Fue vencido, huyó a Inglaterra; allí, el padre Mier,
un dominico que por sus ideas había sido víctima de las persecuciones de la
Iglesia y del Estado, lo convenció de que, sirviendo la causa de la
Independencia en México, combatía contra Fernando y por sus ideales de
libertad, y que era en la libertad y no en la guerra en donde España y sus
libres colonias podían tornar a unirse en lo porvenir. Mina, que por su
importancia en las logias masónicas podía ponerse en contacto con hombres
dispuestos a sacrificar sus vidas en aras de sus propósitos de emancipación
humana, pasó, con un puñado cosmopolita de aventureros ávidos y entusiastas, de
Inglaterra a los Estados Unidos, a Haití, al puerto de Galveston, en donde
organizó definitivamente su expedición, y abordando en Soto la Marina las
costas mexicanas, dio principio al período heroico de su temeraria empresa en
abril de 1817.
1. ¿A qué acontecimiento histórico hace
referencia el texto?
2. El texto es ¿una narración o
interpretación?, explica el ¿ por qué?
.
3.
Considerando
el cuadro comparativo y la lectura ¿a qué corriente historiográfica pertenece
el texto? Explica o muestra ejemplos.
Actividad
(tarea).
v
Observa con atención la siguiente imagen
y responde a las siguientes preguntas.
Cuestionario:
1.
¿Qué ves en esta imagen?
___________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
2.
¿Qué
escenario reconstruye?
__________________________________________________________________________________________________________________
3.
¿Qué características económicas presenta?
____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
4.
¿Existe rasgos de esta imagen que se relacionen con tu vida
actual? si/no ¿Cuáles?
__________________________________________________________________________________________________________________
Leamos con atención el siguiente texto:
Europa abandonó, ya antes del siglo XV, las formas más
arcaicas del intercambio. Los precios que conocemos o cuya existencia
sospechamos son, desde el siglo XII, precios que fluctúan, lo cual prueba que
ya existen mercados modernos, y que pueden ocasionalmente, ligados los unos a
los otros esbozar sistemas, lazos entre ciudades. Prácticamente, en efecto,
solamente los burgos y las ciudades tienen mercados.
En su forma elemental, los mercados existen todavía hoy.
Al menos no se han perdido del todo, y en días fijos, ante nuestros ojos, se
reorganizan en los emplazamientos habituales de nuestras ciudades, con sus desórdenes,
sus aglomeraciones, sus gritos, sus fuertes olores y el frescor de sus
mercancías. Ayer eran poco más o menos los mismos: algunos tenderetes, un toldo
para la lluvia, un lugar numerado para
cada vendedor con anterioridad,
debidamente registrado y que había que pagar a tenor de la voluntad de las
autoridades o de los propietarios; una multitud de clientes y una multitud de
trabajadores modestos, proletariado difuso y activo: desgranadores de guisantes
que poseen la reputación de inveterados chismosos, desolladores de ranas( las
cuales llegaban a Ginebra y a París en cargamentos enteros de mulas),
costaleros, barrenderos, carreteros, vendedores o vendedoras semiclandestinos,
inspectores altaneros que trasmiten de padres a hijos sus miserables oficios,
mercaderes revendedores y fáciles de reconocer por su manera de vestir,
campesinos y campesinas, burgueses haciendo la compra, criados que tienen la
habilidad (repiten los ricos) de hacer bailar las asas del cesto (entonces se decía
herrar la mula), panaderos vendiendo al por mayor, carniceros cuyos múltiples
puestos obstruyen las calles y plazas, mayoristas (vendedores de pescado, de
queso y mantequilla al por mayor), recaudadores de impuestos…En fin, expuestos
por doquier, mercancías, pellas[1] de
mantequilla, montones de legumbres, pilas de quesos, frutas, pescado goteando
agua, piezas de caza, carnes que el carnicero despieza allí mismo, libros
invendidos, cuyas hojas impresas sirven para envolver mercancías. De los campos
llegan en abundancia la paja, la madera, el heno, la lana, lo mismo que el
cáñamo. El lino y aún las telas para los vestidos de los aldeanos.
Los mercados urbanos tienen lugar por lo regular dos o
tres veces a la semana. Para abastecerlos, es necesario que el campo tenga tiempo
para producir y reunir los artículos y que puedan distraer una parte de su mano
de obra para la venta (confiada preferentemente a las mujeres).
Las autoridades toman firmemente en consideración y
organización y supervisión…vigilan estrechamente los precios…pero no impiden
que el mercado se expanda, crezca al compás de la demanda, se sitúe en el
corazón de la vida urbana…el mercado es un centro natural de la vida social, un
lugar de encuentro donde las gentes se entienden, donde se injuria, donde se
pasa de las amenazas a los golpes; es allí donde se originan incidentes… es
allí donde circulan noticias políticas y las otras.
El mercado es un espacio de interrelaciones sociales
donde… las vendedoras tienen la fama de ser las lenguas más groseras ¡Eh! ¡Tía
descarada! ¡Habla ya!! ¡Ramera de estudiantes! ¡Carcamal! ¡Más que miserable!
¡Estás borracha como una cuba!...
De tal manera que
el espacio geográfico, no es entendido sólo como un escenario o espacio físico,
sino como un espacio construido, un espacio vivido, un lugar donde se
desarrolla la acción humana, un lugar de complejas relaciones sociales, un
producto sociocultural, una construcción social.[2]
v
A partir de la lectura del texto y
análisis de la imagen
¿A qué tipo de corriente historiográfica pertenece el texto?
Explica por qué?
¿Qué caracteriza el espacio histórico?
[1]
Pellas. s.f. Masa unida y apretada, generalmente en forma redonda.
[2]
Braudel, Fernand. (1984). Civilización
material, economía y capitalismo siglo XV-XVIII. Tomo II, versión española
de Vicente Bordoy Hueso, Madrid: Alianza, páginas 6-18.


